Profundamente
acostumbrado y mirando la cara de mi compañera yo hacia todo lo
posible con mi hipnótica mirada para que ella no deje caer su
cascada de lagrimas como una nueva Magdalena, ella era demasiado
susceptible, y este era mi problema, conociéndola como yo la
conocía,
de
ella todas me las sabia.
La
emoción era si fuerte verdaderamente que yo no sabia si esta era
debida a que cuando llegamos, ella había visto en el aeropuerto una
foto en ese articulo del periódico, o a que yo pronto vería a la
familia después de mas de treinta años de ausencia, yo como siempre
la mía la controlaba con prudencia.
Mi
querido primo nos había ido a buscar al aeropuerto y nos dirigimos a
la casa de mi tía, subimos las escaleras y lo primero que vimos fue
a mi prima en el salón, yo me obstino a creer que fue por la
sorpresa que ella para saludarnos no pudo despegarse del sillón, nos
saludamos y pasamos a la sala y fue con mucha alegría que vi después
de tanto tiempo a mis primos y a mi siempre recordada tía.
Mi
mirada fulgurante, hizo que mi compañera de llorar se aguante y
conversamos, almorzamos y del otro primo de al lado, “nos reímos”
de su “broma” sobre mi hija y su “bronceado”, todo esto en un
buen ambiente,
el
tiempo pasó mas rápido que apurado y tuve que decirles gracias y
adiós apenado;
Tristes
y con desgana pasamos al salón para despedimos de mi prima, la misma
que me había dicho “hola” como si me hubiese visto ayer y que me
decía “chau” como si fuera a verme mañana.....
Decididamente
ella continuaba sentada, concentrada haciendo lo que se le daba la
gana, remojándose los pies en la palangana.
Rennes
28/11/2015.
