Media
Luna o Media
naranja
(Oscar
Sáenz Omar)
En
esa cálida noche en el parque de la Media Luna de San Miguel,
orgullosa, la bella se paseaba remontando sus pechos erguidos, como
queriendo mostrar amablemente la dirección del horizonte a quien se
lo hubiese pedido. La vi por casualidad tomando el
aire en los parajes y también vi a José Aguanta Poco, (mas conocido
en el barrio como Pepito mi corazón), sentado en un banco detrás de
un plátano, tratando de esconderse, temblando como polizonte en
camión frigorífico;
Parándome
seco, con trastorno vi que el vigilaba a su “asunto”, (como el la
llamaba por disimulo), fingiendo llenar crucigramas en una revista de
culo, desconfiado la seguía sin perderla de vista con su mirada.
Mientras
sin hacerlo al propósito ella paso a su lado sin verlo, como si
nada, justo adelante, y el lo encajó como si le hubiesen metido un
supositorio de elefante! Me sorprendió ver a Pepito adolorido, solo
yo podía apenas escuchar su grito reprimido!
Y
ufana la hermosa continuaba su camino, salerosa “a la peruana”
parándose de vez en cuando para hacerse fotografiar de muy buena
gana.
El
aguantó por la cólera, de acercarse como lo había pensado de
hacer, antes del supositorio, de piropearla como Don Juan tenorio y
decirle: Si ese andar no se lo había enseñado un coreografo, Porque
ella no caminaba! Ella danzaba como una diosa!
Pero
continuando a ver que el que la acompañaba insistía
fotografiandola, el se sentía peor que una cosa, como un Don Juan en
su Velorio, e irritado esta vez, (y no por el supositorio) se
preguntaba, si era o no ese demonio,
el
amor secreto del que tanto ella le había hablado sin detalles
durante las pausas a media luna de sus frenéticas noches de
insomnio.
Y
el, de su amor secreto?.....Nada! Pues era tan secreto para el,
que
Pepito hasta ahora no lo conocía y es por ello que el se hacia
discreto, y eso lo incomodaba sintiendo que esa noche “algo” en
sus entrañas le hacia cosquillas, quizás fuese el amor que
encontraría y que seria para el como un reto, y a eso, el
epidérmicamente le temía.
Cuando
ellos se miraban veía claro y neto en ella, que sus ojos brillaban
mirándolo con insistencia y ese...Demonio H... de la gran P... Se
reía!!!
Y
Pepito podrido no sabia si lloraba o gemía, solo veía en su febril
cabeza que en su cuerpo todo en ella se derretía, y el a su gran
sorpresa descubrió sentimientos incontrolables, sintiéndose loco de
celos, silenciosamente y sin gritar, el......Calamitosamente sufría!
mientras
que ella con “su” fotógrafo a viva voz se reía.
Destrozado,
comprendió que ella era ese “secreto tan adorado” que en el
fondo de sus tripas y de su corazón lo había tenido bien camuflado!
Tanto, que no había podido ver la diferencia, entre el amor que pudo
haber encontrado a su lado, y el placer de haber hecho suyo ese tan
deseado “asunto” desenfrenado, e idiota que era, que sin ni
siquiera haberlo mirado, el Pepe, ciego al amor, por desconfiado lo
había ignorado, y como de costumbre el había terminado por dejarlo
pasar ensayando de convencerse de que las cosas eran así y que nada
lo haría cambiar.
Alejándome
vi a Pepito rumiando solo en el camino, sin duda regresaba a su casa,
conociéndolo bien me imagino, que el trataba de evitar que el amor
lo venga a buscar y cambie “su confortable” destino.
Rennes
16/03/2015.